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Sábado, 22 de Julio de 2017
Cartas al Director
7-09-2011
Colegio Gil-Díaz: la vida de lo inerte
ANA GÓMEZ SALCEDO
(…) Alguien desde un frío despacho ha decidido marcar una X de color rojo sobre un plano del Ayuntamiento. Justo en ese lugar, precisamente en  la calle de Sorgo nº 68-70. Exactamente en esa calle cortada donde un colegio casi pasa desapercibido salvo para, paradojas del destino, el departamento de Urbanismo. Desaparece. Lo eliminan como quien decide eliminar una acera, o una farola, o un parking. Claro que ellos no tienen conocimiento de las verdaderas consecuencias de sus actos. Desconocen que nos arrancan una parte de nosotros y nos dejan como al desahuciado sin un hogar al que volver, nos arrebatan algo de un enorme valor en nuestra vida, una referencia diaria, y algunos nos preguntamos qué vamos a hacer ahora con esa llave sin su cerradura que abrir.
Este curso ha sido el último del que hemos disfrutado, y tras el mes de agosto se cerrarán sus puertas definitivamente. Esas puertas de color rojo inglés tras las que yo he esperado con mis compañeros todas las mañanas de diario durante 12 años, esas puertas que permanecerán inalterables en mi memoria pese a que las máquinas se las lleven por delante, y ante los ojos de un operario completamente ajeno a la barbarie que está llevando a cabo. Finalizó el plazo para desalojar, y aunque poco material queda ya en su interior, es imposible no sentir que algo permanece tras sus muros, algo que ha sido imposible introducir en nuestras cajas de mudanza: la ilusión puesta en la creación de cada cenefa en el pasillo, y las risas entre compañeros mientras pintábamos y mejorábamos sus muros aquellos primeros días de septiembre, el esfuerzo en la organización de la biblioteca, el entusiasmo puesto en el mural lleno de mariposas y globos del patio, la dedicación en los festivales de fin de curso… Tantas, y tantas vivencias dejamos dentro de él…
Se derriba un pequeño gran colegio.
Has dejado tu honda huella en nosotros, has conseguido aportar más “vida” a cada una de las nuestras, y cuando caigas nos  quedará ese “alma” que has compartido con todos durante 54 años y que a su vez es ya un poco nuestra.
Hasta siempre Gil-Díaz.
 
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