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Jueves, 25 de Mayo de 2017
Cartas al Director
2-06-2015
Compuestos y sin fiesta de graduación
E. López

Iba a ser el broche de oro del día de su graduación. Después de un curso con tanto esfuerzo, sólo querían celebrar que por fin habían acabado el Bachiller en el colegio Patrocinio de San José.
La Universidad estaba a un paso y sólo querían reírse, bailar y pasar esa noche mágica al lado de los que ya siempre, durante toda su vida, serán sus amigos del colegio. Querían celebrar una fiesta de graduación privada, y pagaron 2.100 euros a los relaciones públicas de una discoteca del barrio. Quedaba claro desde el principio que, al tratarse de una fiesta de graduación, iban a asistir personas de entre 17 y 18 años, porque ésa es la edad a la que se termina el Bachiller, y también se acordó que se contrataba el local en exclusiva.
Pero no pudo ser. Aparecieron los aprovechados, los empresarios sin escrúpulos, los que sólo se quieren enriquecer, y se rieron en la cara de unos jóvenes/niños, que tuvieron que aprender la primera lección de su vida de adultos.
Cuando llegaron a la discoteca les dijeron que no podían entrar, inventándose 1.000 excusas: que si algunos todavía no tenían 18 años, que si no habían recibido la totalidad del dinero…
Además, y a pesar de que se había contratado la exclusividad de la fiesta, esa noche había varios colegios, también afectados, a la puerta de la discoteca. El empresario y sus secuaces no habían tenido piedad y habían recaudado mucho más de lo que lo hubieran hecho en una noche normal, posiblemente vendiendo más del aforo del local, pero eso no importaba, porque ellos sabían que llegado el momento a muchos de los jóvenes no se les iba a permitir la entrada: ésa era la estrategia.
Nuestros hijos aprendieron aquella noche de mediados de mayo que en algunos adultos no se puede confiar nunca, que en la vida hay tiburones y conviene no estar desprevenido. Los padres tratamos de enseñarles que la justicia y la palabra siempre ganan; por eso denunciamos estos hechos y por eso escribimos esta carta.
Para que no le pase a nadie más, la discoteca se llama Urban 58, y está situada en la calle de Orense, número 32.

 
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