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Cultura
6-05-2010
“Beverly Hills” o la catedral del cine
Por fuera, un videoclub; por dentro, todo un museo del Séptimo Arte
“Beverly Hills” o la catedral del cine
“Beverly Hills” es, además del famoso barrio de Los Ángeles donde residen las estrellas del celuloide, un videoclub que es también un sorprendente museo del Séptimo Arte.
Pensado para el deleite y el retiro de los amantes del buen cine, desde el clásico y el de autor hasta el más actual, “Beverly Hills” se distingue por recopilar “todos los géneros cinematográficos, incluidos infantil, musical, acción y western, tan olvidados en otros establecimientos similares”. Ade-más de contar con cerca de 8.000 títulos en DVD, otra de sus peculiaridades es que aquí las cintas de vídeo siguen vivas: se cuentan por cientos las películas en este formato, que todavía hoy un público minoritario sigue alquilando, y más de 700 filmes en el añorado Súper 8 (que su propietario querría poder mostrar algún día a sus clientes) completan la sin par colección de este videoclub.
Troquelados, pósteres, fotocromos, diapositivas, guías, programas de mano, fotografías dedicadas por estrellas del cine... un número incontable de artículos del marketing cinematográfico, auténticos fetiches de coleccionista.


EL PERSONAJE DE MANUEL CALVÍN

“Empecé a escribir, yo solo, copiando los nombres de actores y actrices que aparecían en los magníficos anuncios de cine del ABC: ‘Cary Grant’, ‘Rita Hayworth’... así practicaba mi caligrafía, y así comenzó también mi interés por este apasionante mundo”, recuerda con nostalgia el propietario de “Beverly Hills”, a sus increíbles 62 años de edad.
Más adelante, Manuel Calvín acompañaba a su padre, abogado de Samuel Bronston, productor, entre otras, de 55 días en Pekín, al rodaje de la misma, en Las Matas, “donde se construyó una asombrosa réplica de la capital china, y donde tuve la oportunidad de conocer a Ava Gardner, David Niven y Charlton Heston, con quien me unió una íntima amistad hasta su muerte”.
“Mi contacto con las figuras internacionales del cine continuó a lo largo de casi 20 años como relaciones públicas y segundo jefe de recepción de los hoteles Castellana Hilton (ahora Intercon-tinental) y Villa Magna, y se consolidó al entrar a formar parte, como ejecutivo, de Araba Films, la primera empresa española dedicada a la producción, distribución y exhibición cinematográfica. Allí trabajé durante 15 años, tiempo en el que pude asistir a todos los festivales de cine españoles y europeos, además de a la ceremonia de los Oscar. Estos viajes me sirvieron, aparte de para afianzar mi amistad con gente importante de la industria, para hacerme con todo el material que en parte se exhibe en el videoclub” –y el que no puede verse: en el sótano del local se amontonan docenas de cajas y estanterías, rebosantes de artículos relacionados con la gran pantalla–, “el mismo que antes estuviera expuesto en un piso que habilité como museo del cine, durante alrededor de 30 años, con dos salas de proyección para Súper 8, y por el que también pasaron grandes personalidades del celuloide”.
“Quien fuera mi jefe en Araba Films fue el productor de La novena puerta, en cuyo rodaje –entre París y Toledo– estuve muy implicado. Al director, Roman Polanski, le conocía desde el año 1974, pero fue en esta película cuando empezó mi estrecha relación con su protagonista, Johnny Deep, con quien todavía hoy mantengo contacto; sin olvidar mi amistad con Roman”.
“En los últimos años, he escrito seis libros sobre cine y he colaborado en sendas revistas y programas de radio (en las cadenas Radio 80 y COPE) sobre el mismo tema”.


EN BUSCA DE SUBVENCIÓN

“Manolo, este lugar debería estar subvencionado”, le insisten sus clientes más fieles desde que tuvieron la oportunidad de conocer este pequeño rincón de Tetuán. Una clientela que le anima a que promocione su “museo del cine” a través de las instituciones oficiales, ya que consideran este singular establecimiento como un “bien de interés cultural, único en España y quizás en el mundo, que debería estar subvencionado por algún organismo cultural, público o privado”.
Sea como fuere... Siempre nos quedará “Beverly Hills”… en la calle de Hernani, número 8.   

CRISTINA SÁNCHEZ
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